Querida Mari Carmen
Maribel Egido Carrasco
Hoy es un día muy triste para mí. Siempre es triste despedir a alguien a quien se quiere y yo te quería mucho. Procuro consolarme pensando en que has tenido una muerte dulce y rápida, tal como tú querías, y que has pasado de estar bien y en buenas facultades a traspasar fácilmente esa barrera que a veces es tan doloroso y lento atravesar, pero, a pesar de que eso en efecto me consuela, la dolorosa realidad es que ya no estás, y que ya no podrás contarme tus cosas y escuchar las mías, siempre con tu talante positivo y tu expresión dulce y afable que parecía hacerlo todo más fácil y sencillo
Y es que Mari Carmen, tú eras una persona y una amiga especial y estupenda. Te lo digo ahora que no puedes rechazar mis alabanzas con tu modestia característica, para ti era tan sencillo y natural ser así, que no te parecía extraordinario, pero lo era. Jamás te he oído opinar mal de nadie, al contrario, para ti todos éramos buenos y merecedores de afecto y confianza, y así te comportabas dando cariño a todo el mundo. Tu único afán era evitar molestar a los demás, incluso cuando el dolor te ha golpeado, evitabas manifestarlo para no entristecer a los que te rodeaban.
Esta mañana, mientras asistíamos a tu funeral, yo repasaba en mi memoria todos los gratos momentos que hemos vivido contigo durante tantos años, y me encogía el corazón pensar que no pudieran volver a repetirse. Los creyentes, y tú lo eras mucho, esperamos y confiamos en que hay otra vida mejor después de ésta .Si eso es cierto y hay un cielo como esperabas, tú ya estarás en él sin ninguna duda.
Adiós querida amiga, el mundo ha sido mejor porque tú estabas en él.