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Mostrando las entradas etiquetadas como Relatos

Las canicas

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Pedro García Martín, Profesor de Lengua y Literatura En el humilde museo arqueológico de la villa de Cauca -hoy un edificio de fasto y salas vacías que con perspectiva de cernícalo miran al Eresma- había, entre otros muchos objetos de valor histórico, una colección de  bolas celtibéricas . Se trata de pequeñas bolas de barro con decoración incisa que recuerdan remotamente a las canicas de nuestra infancia. Lo curioso de estas hermosas reliquias es que la decoración no se repite; cada pieza es única. Los arqueólogos todavía no se han puesto de acuerdo sobre su utilidad o su significado. Y es que se suele dar una interpretación mágica o sagrada a lo que nos es desconocido, por si acaso. Sin embargo, por humana, la explicación es mucho más sencilla. El autor escribió el artículo "Las canicas" para la revista del instituto de Babilafuente, en Salamanca, todavía añorando los años que vivió en Coca con su familia De todos es bien sabido que fue el maestro alfarero Bolsca...

Teodosio "El Chico" (microrrelato)

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Luis Sanz Rodríguez El llanto desconsolado de tres niños rompía el silencio del Pago de la Pizarras de Coca. -¡Queremos ser de las Legiones! -sollozaban-, siempre somos Vacceos y no nos da la gana... Así no jugamos. -Pues allá vosotros -respondió el pequeño Teodosio-. Si no sois lo que yo os ordene, con nosotros no jugáis. Comenzaba a llover y el mosaico marmóreo de la entrada de la mansión relucía en todo su esplendor. La infantil batalla había comenzado, pero ni los guardianes de la entrada les prestaban atención. Esperaba el final de siempre.  Después de limpiarse y lamerse con saliva las heridas, preguntó Durmius:  - ¿Jugamos a las bolas? -¡Claro!, respondió el pequeño Teodosio. -Vale, pero si Teo no juega con la pórfida roja, porque si no, nos rompe las nuestras. -Está bien... -accedió Teodosio-. Valerius, déjame una de las tuyas. Vamos... rápido... El microrrelato es una construcción literaria narrativa distinta de la novela o el cuento. Es la ...

Octubre en Coca

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Maribel Egido Carrasco El paisaje me sale al encuentro. Se mete por mis ojos como con prisas, como si quisiera compensar el tiempo transcurrido. La tarde es plácida y templada, como suelen serlo en Octubre por estos hermosos lares. El sol, ya de caída, proyecta su dorada luz sobre las copas de los pinos, dejando en sombra sus troncos y los árboles más pequeños. Una banda de rabilargos levanta el vuelo en cuanto detectan nuestra cercanía y se pierden por entre las ramas más altas. El Recodo se nos ofrece como siempre: majestuosamente bello, poniendo verde barrera al horizonte que se recorta contra un cielo de azules infinitos. Un  grupo de álamos blancos mezcla sus hojas de espectacular color gris plateado con el verde de los otros árboles, y con el  incendiado amarillo de alguno ya vestido de otoño. No puedo evitar recordar el verso con que comienza Gil de Biedma su hermoso poema dedicado a la Ribera de los Alisos: “Los pinos son más viejos...”. Yo no percibo que ello...

Las dos banderas

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Maribel Egido Carrasco Sobre la Torre del Homenaje, izadas sobre sus mástiles, ondeaban las dos banderas. Convivían desde hacía mucho tiempo, y no es que se llevaran mal, pero a veces, y utilizando naturalmente el lenguaje propio de las banderas, que los humanos no podían entender, ni siquiera oír, se enzarzaban en discusiones sobre quien de ellas tenía más importancia y tradición. La roji-gualda estaba totalmente convencida de su superioridad al representar a toda la nación española, y le hablaba a la autonómica de Historia, de batallas, y de los cambios que había sufrido con el paso del tiempo, pero la castellano-leonesa enarbolaba orgullosamente su antigüedad, ya que era la bandera de la Corona de Castilla desde el año 1230, y (aquí levantaba la voz con pasión), ¡una de las banderas más antiguas de Europa y del mundo, y los barcos de Cristóbal Colón ya la portaban en el descubrimiento de América! Al final nunca llegaba la sangre al río, y poco a poco se iban aplacando los án...

Relatos pinariegos

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Javier Gómez Cabrero Es una fantástica historia en la que “Pino Grande” cuenta a un joven “Pino Chico” las experiencias que tuvo "Pino Viejo" a lo largo de su existencia en el pinar de Coca. El autor se vale para ello de expresiones utilizadas por los resineros de esta zona. Está relatada de forma muy amena para que todos nosotros aprendamos como se desarrollaba la vida en nuestros pinares, siendo una lectura ampliamente recomendada, sobre todo para los más jóvenes. El relato comienza de la siguiente forma: - Ya te he dicho que no estoy yo ahora para relatos ni coplas de la zarabanda , porque después de haber oído lo del terrible incendio en los pinares de la provincia de Guadalajara, se me pone el tronco a temblar, y se me caen hasta las tarambujas . Quien de esta manera se expresaba era "Pino Grande", un espléndido ejemplar de pino resinero, (negral para los lugareños, y pinus pinaster para los que han estudiado), y quien le había p...

Manantiales y fuentes, La Fuente Cagá

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Partiendo desde la torre de vigilancia forestal , cogemos un poco más adelante un camino que se dirige directamente a la ETAP , en el Pinar Viejo, llegamos al llamado “ Quemado de la Peguera Nueva ”, a unos 3,5 Km. desde el punto de partida, en un cruce de caminos, y situada muy próxima a un refugio forestal , hallamos algo que parece una pequeña charca en un hoyo, de poco más de un metro de hondo. El agua brota en el pinar viejo a una asombrosa escasa profundidad. El topónimo de “La Fuente Cagá” encierra una historia corta pero curiosa. Según parece, un sastre que solía venir a Coca al menos, una vez al año para hacer su trabajo, se detuvo un día ante la fuente para a beber. Después de ingerir el líquido elemento, le entraron unas incontrolables ganas de hacer de vientre, y no sabemos si fue comodidad o si lo hizo de mala gana, el susodicho sujeto, arrimó sus honrosas posaderas al extremo de la citada fuente, dejando un regalito de despedida… Emprendió el viaje de vuelta ...

De los Santos a Halloween

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Juan Mariano Velázquez Martín Cuando es fácil el olvido, cuando lo de ayer queda antiguo, cuando nos invaden usos, costumbres, tradiciones diferentes, conviene hacer acopio de la memoria del pasado como elemento a conservar de nuestra cultura. El mundo global importa y exporta sin límites. Para bien y para mal. Quiero recordar, en contraposición con las celebraciones actuales, lo que hace unas décadas era la festividad de Los santos en Coca. Desde mi visión de monaguillo, la noche de los Santos era una noche de fiesta “corporativa”. Los monaguillos teníamos la tarea de tocar a clamor (a muerto) durante toda la noche. Pero nosotros no hacíamos un duelo. Bajo la escalera de madera de la torre, con las cinco sogas de cada campana colgando a nuestro alrededor, poníamos una hoguera que nos servía para calentarnos y para asar castañas... Continuar leyendo...

Andrés de La Mota, ese clérigo taurino

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Víctor Manuel Cabañero Martín,  HISTARCO El clérigo presbítero de misa, saltando de la carreta con esa guisa Andrés se había levantado inquieto aquella mañana del 25 de Agosto… ¡se iban a correr toros por las calles de Coca! Villa en la que, desde hacía algunos años y proveniente quien sabe si de La Mota, impartía sus servicios sacramentales como clérigo presbítero de misa. Sabía que no podía, pues lo tenía totalmente prohibido, ¡cosas del servicio eclesiástico! Llegaron los toros a la villa y camino de la plaza de Santa María, esperaba su paso, como tantos vecinos, encima de una de las carretas que se sucedían a lo largo del recorrido previsto, para cortar la fuga a los astados y permitir la evasión a quienes exhaustos o en peligro, debiesen ponerse a salvo. Hombre impulsivo en sus actos, no se le conocían sin embargo acciones dignas del rechazo de su señoría. También hombre valiente, quería saber lo que sentían aquellos que participaban de la fiesta. Fue un segundo,...

La piedra del Calero

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Tal y como podéis observar en las fotografías que os adjunto, la inscripción de la lápida va dedicada por las personas que le auxiliaron en tan fatídico día, el 9 de noviembre de 1929. Según parece, este hombre vecino de Íscar, cuyo oficio era la venta y distribución de la cal, realizaba su ruta como en tantas otras ocasiones con su burro y el carro en el que llevaba la cal, el descuido sobrevino al quedarse dormido sufriendo un desgraciado accidente en el cual falleció. La lápida se encuentra en el Pinar Viejo, en la primera, concretamente en el tranzón 9B, para que nos entendamos, cogemos el camino que nos lleva a la presa (E.T.A.P.) justo antes de llegar a Fuente el Olmo de Iscar y al dirigirnos hacia la presa localizamos el camino que se encuentra a nuestra izquierda, con el mojón que marca dicho tranzón, luego a unos 300 metros a la derecha de ese camino la encontraremos. Mojón que nos sitúa en el lugar y la piedra del Calero La inscripción completa, tallada e...

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