Castillo de Coca, Pozo de Escucha (I)

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Según avanzamos en esta web, vamos conociendo todos y cada uno de los elementos característicos, propios de las fortificaciones de este tipo (troneras, adarves, caponeras, matacanes, etc.). Hoy veremos el que quizá sea más desconocido de este castillo, que aunque no forma parte de la visita turística, debería conocerse por la singularidad del mismo. Vamos a ponernos en situación pensando en el aspecto defensivo. Todas las fortificaciones están construidas adaptándose a las características del terreno en el que se asientan, debiéndose cubrir por lo tanto las necesidades de defensa para evitar una posible intrusión enemiga.

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El inmenso foso fue construido aprovechando la arroyada de un viejo cauce que servía también de foso a las murallas de la villa (marcado en rojo), cuyo lienzo sur mira hacia Segovia, (De hecho se aprovechó para construir el antiguo campo de fútbol a mediados del siglo XX). Se Cerró la parte en la que se asienta el castillo por sus extremos con sendos muros de contención, también llamados contraescarpas. El lado oeste abierto a las riberas no se pudo completar con relleno de tierra. Allí se encuentra la entrada principal solamente accesible a través de un puente levadizo (cuadro azul) del que actualmente sólo queda la base. En ese lugar se construyó un inmenso muro de considerable grosor hasta cerrar el perímetro del foso (cuadro verde).


La siguiente fotografía es quizá la vista más conocida por todos nosotros durante años a través de postales y/o fotografías en numerosas publicaciones, o realizadas por vosotros mismos desde la gasolinera, pero lo que muchos no saben es que esta parte suroeste del castillo es la más vulnerable. Si nos subiéramos al interior del recinto y diéramos una vuelta por todo el adarve o camino de ronda, podríamos divisar y controlar visualmente cualquier movimiento que se produjera a nuestro alrededor. Sin embargo nos situamos al oeste-suroeste que nos ofrece una vista de la ladera del río Voltoya, tenemos el mencionado muro y no podemos ver lo que hay al otro lado (pues como podéis apreciar en este sencillo esquema ahí existe un ángulo muerto). Si alguien en el exterior, pasara por las proximidades del muro como he dicho, no lo veríamos, tampoco detectaríamos posibles movimientos de intrusión, al llegar a su base, los zapadores sorpresivamente y sin que nos diésemos cuenta podrían excavar un túnel por debajo o minarlo para derribarlo, provocarían una enorme brecha a través de la cual se iniciaría la invasión hacia el interior del castillo, el primer obstáculo sería sobrepasado, además, no existen torres adicionales ni muralla con puntos de vigilancia aledaños que servirían para reforzar y compensar la carencia defensiva de este lugar, entonces, ¿cómo solucionaron el problema?.

Ahora viene la parte interesante. Allí hay un freático que aporta agua continuamente. Los que seáis de aquí sabréis que en las proximidades se halla un pequeño manantial conocido como “el cañuelo” y tiempo atrás hubo un lavadero, hoy inexistente (es por eso que os he puesto la fotografía en blanco y negro). Ambos quizá podrían recibir el agua del mismo freático. Los constructores de la fortaleza, que eran mudéjares grandes y hábiles conocedores de la ingeniería del agua, utilizaron de forma inteligente la que allí mana para crear un sofisticado sistema defensivo aprovechando las características físicas que ofrece el líquido elemento. Eso lo veréis en la próxima entrada.

(*) Partimos del esquema de E. Cooper. Estamos estudiando el trazado de la muralla al oeste y norte del castillo, ya que aún no nos ha quedado clara la ubicación que tenía.

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