Los vencejos


La mañana era absolutamente bochornosa, con ese calor que parecerte pesarte y que dificulta cualquier actividad normal. Sin embargo a ellos, a nuestros alados vecinos de todos los veranos, no parecía importarles. 

Rodeaban la muralla entre alborotados chillidos, cruzándose en sus rapidísimas trayectorias que, aunque a simple vista nos parecen alocadas, no lo son, ya que no se producen “colisiones”. 

Siempre que los miro en pleno vuelo, echo de menos que nuestras “privilegiadas” mentes humanas no hayan sabido copiar ese maravilloso radar para aplicarlo en nuestro tráfico por carretera.

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