La historia de la tortuga de Coca-Villeguillo

Parte IV: Fuente de Santa Cruz
Emiliano Jiménez Fuentes


La tortuga de Coca-Villeguillo ya está en Salamanca. Llegó aquel 19 de diciembre de 1988, con la felicitación navideña del pueblo donde se extrajo, si bien –todo hay que decirlo– no participó en la excavación, en la que –también hay que decirlo– Coca se volcó con entusiasmo.
Después vino la trabajosa restauración en laboratorio y su adecuación para exposición pública. Se hizo una copia en poliéster –realizada por mi hijo Tito y Enrique Orejudo, para que se pudiese contemplar el peto separado del espaldar. Hubo que esperar tres años para que se montase en una vitrina, aprovechando la inauguración del Palacio de Exposiciones y Congresos, donde fue estrella. La pagó Iberdrola. Y luego se expuso en el Claustro de la Universidad, a la entrada de la Sala de las Tortugas, mientras ésta estuvo allí. Después pasó al recibidor de la Facultad de Ciencias, donde está ahora. Ha viajado a varias exposiciones, con notable éxito (Bilbao, Aranda de Duero, Villamayor, Valladolid…) Y, cómo no, ha sido objeto de varias publicaciones. En la última, en 2014, Adán Pérez la ha determinado como un macho adulto de Titanochelon bolivari.

Pero todo esto es la introducción a mi relato –”ocurrencia”– de hoy, algo que ocurrió un año después de la excavación y que siempre me llena de emoción y cariño a un pueblo castellano, modelo de educación y respeto a la Ciencia: Fuente de Santa Cruz.

El 11 de enero de 1990 el Rector de la Universidad de Salamanca, por entonces Julio Fermoso, recibió una carta de la maestra de este pequeño pueblo, casi aldea, Aurora Ajo Herranz, en la que se refería a esta tortuga fósil como “orgullo de Segovia” y solicitaba que le enviasen una fotografía para ponerla en la pared de su colegio.

El Rector me pasó dicha carta y le respondí que no sólo la llevaría personalmente, sino que les daría a los niños una charla con la proyección de la película “La tortuga de Coca”.

Dicho y hecho el 29 de enero. Al llegar allí tuve la grata sorpresa de que al colegio le habían puesto el nombre de “Sisinio de Castro“, mi gran amigo, Decano de Medicina, que resultó que era oriundo de Fuente de Santa Cruz. ¡Qué alegría tuvo cuando se enteró de que yo había estado allí!

Eran 8 niños de 5 y 6 añitos, que ocupaban la primera fila de un recinto abarrotado de gente. Todos los vecinos habían traído sillas de sus casas para escuchar y ver lo que les llevé. Nunca fui tan bien recibido. ¡Bueno, sí! ¡También en otras ocasiones, como en…, pero eso… ya lo contaré!

Y en medio de la charla, de pronto, se abre la puerta y aparece el inspector provincial de Enseñanza, que no sabía nada de aquello. ¡Casualidad! ¡Aquello fue una fiesta…!

Ruego de preguntas: un señor se levanta y me dice, con tono ligeramente airado “¿Por qué la película se llama “La tortuga de Coca”, si es de Villeguillo?. Afortunadamente había llevado un paquete de separatas de una nota divulgativa en la que figura como de Coca-Villeguillo, con lo cual me “perdonó la vida“. Una vez amigos me contó que aquella fría –gélida, más bien– tarde del domingo 11 de diciembre de 1988, en Villeguillo se calentaron los ánimos con un poco de ayuda alcohólica, y que pasados unos días se vendieron en el bar unos mecheros con el dibujo de una tortuga. Me regaló uno, pero no sé donde está.

La sesión se terminó allí mismo, con vino, cerveza y aceitunas, que los vecinos de aquel simpático pueblo llevaron espontáneamente. ¡Fue una jornada memorable, de esas que dejan huella!


Para terminar el relato falta por decir que poco tiempo después aquella maestra sin par, Aurora Ajo, me envió 4 dibujos hechos por los niños, que habían quedado impresionados. Lucen, con honor, en una pared de la Sala de las Tortugas, como un maravilloso gesto de FUENTE DE SANTA CRUZ. ¡Para mí tienen tanto valor como la tortuga fósil!


Felipe Rodríguez, Emiliano Jiménez y yo, junto al fósil de la tortuga en el hall de la Facultad de Ciencias, en la Universidad de Salamanca

¿Os dais cuenta, queridos lectores, de la importancia de los hechos aquí relatados, que muchas personas, en Coca, en Villeguillo y en Fuente de Santa Cruz, vivieron con entusiasmo? Habiendo gente así –¡que entonces había y hoy también la hay!– ¿no pensáis, conmigo, en lo hermosa que es la vida, que está llena de esperanza, que tendremos un futuro mejor?


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