Matriz sigilar de Gordiano III


Por Juan Francisco Blanco García
Universidad Autónoma de Madrid

NVMISMA 250. Enero - Diciembre 2006. Año LVI. Pp. 477-488.
Una matriz sigilar de Gordiano III
Por Juan Fco. Blanco García
Universidad Autónoma de Madrid


RESUMEN
En este trabajo damos a conocer una pieza cúbica de plomo hallada en Coca (Segovia) en la que cuatro de sus seis caras son lisas pero las otras dos presentan, grabados en hueco, el busto de Gordiano III con corona radiada, una, y un équido de perfil, la otra. Mientras la efigie imperial muestra las características iconográficas propias de las acuñaciones de dicho emperador, el caballo representado no responde a parámetros numismáticos. Es muy probable que haya sido utilizada como matriz para imprimir sobre cera y/o arcilla (signaculum) con el objeto de autentificar documentos oficiales por parte de un representante de la administración romana afincado en el municipium de Cauca, cuya residencia seguramente fue la villa suburbana altoimperial de Los Cinco Caños.

ABSTRACT
The author presents in this paper a cubic piece made of lead found in Coca (Segovia). Four of its six sides are fíat, but the other two depict intaglio engravings of, respectively, the bust of Gordianus III with a radiated crown, and an equine profile. While the imperial ejfigy presents the iconographic features typical of the coins minted under this emperor, the horse does notfall within numismatic parameters. It was likely utilized as a matrix to be pressed into was and/or clay (signaculum) for the purpose of authenticating official documents on the parí of a representative ofthe Román administration settled in the municipium of Cauca, and whose residence was probably the Late Imperial style suburban villa know as Los Cinco Caños.

* _ * _ *
La singular pieza que damos a conocer en estas páginas dedicadas a nuestra llorada Carmen Alfaro es una matriz sigilar cúbica de plomo (signaculum)(1), anepígrafa, que presenta, grabados en hueco relativamente profundo, el busto del emperador Gordiano III(2) con corona de radios y mirando a la izquierda en una de sus caras y un caballo estante también de perfil a izquierda en otra, siendo totalmente lisas las cuatro restantes (figura 1 A, C y E). Fue hallada por un particular hace años tras la fuente de Los Cinco Caños, en un punto indeterminado de la parcela 1 ó 2 del polígono 4 del área de labrantío de Las Pizarras (figura 2, 1)(3), pero junto a los restos de una villa suburbana altoimperial bautizada con el nombre del citado manantial (figura 2, 2 y figura 3). Con esta estructura arquitectónica es con la que únicamente cabe contextualizarla, pues al ser un hallazgo de superficie, acaecido en tierras de labor que han sido volteadas año tras año seguramente desde los siglos VIII-IX, no podemos saber si en su día formó conjunto con algún otro objeto más o se extravió aisladamente.

(1) CHAPOT 1902; WENGER 1923.
(2) Al carecer el tipo principal de la matriz de texto referencial, la identificación del busto necesariamente la hemos tenido que llevar a cabo cotejando sus rasgos faciales con los que nos muestran las acuñaciones de los emperadores que se hicieron representar con corona radiada, básicamente los que emitieron antoninianos en el siglo III d.C. Tras un exhaustivo examen, no sólo llegamos a la conclusión de que se trataba de Gordiano III, sino que, además, pudimos observar cómo los más estrechos paralelismos anatómicos los tenía con las emisiones de los años 242-244 más que con las de 238-242, en las que aparecen rostros algo más juveniles (MATTINGLY, SYDENHAM y SUTHERLAND 1949, 1-53, pls. 1-4).

(3) Véase BLANCO GARCÍA 1997, 380-383, fig. 1.

Figura 1.—Matriz sigilar de Coca. A, vista general; B, impresión, en positivo, del busto imperial sobre materia plástica; C, cara en la que aparece el busto de Gordiano III grabado en hueco; D, impresión, en positivo, del équido sobre materia plástica; E, cara en la que aparece el équido, grabado en hueco. A distintas escalas

Figura 2.-Lugar en que fue hallada la matriz (1) y ubicación de la villa suburbana altoimperial de Los Cinco Caños (2), en el contexto topográfico de Cauca


1. ASPECTOS FÍSICOS Y DESCRIPCIÓN DE LAS IMÁGENES GRABADAS

No se puede decir que la pieza objeto de nuestra atención sea perfectamente cúbica desde el punto de vista geométrico, puesto que cada una de sus caras tiene dimensiones ligeramente distintas según desde qué puntos las midamos (figura 1, A). Es más, cada cara posee una dimensión máxima y otra mínima tanto de altura como de anchura. Así, la cara en la que aparece la efigie imperial tiene una altura que oscila entre los 29 y los 32 mm. mientras su anchura varía entre los 30 y 33 mm. La que muestra el équido oscila, en altura, entre los 26 y 28 mm, teniendo de anchura entre 28 y 31 mm. Las medidas de las otras cuatro caras oscilan, igualmente, entre los 26 y los 33 mm. Estas diferencias se deben a que los cantos de cada cara no son rectos, sino algo curvados hacia dentro. Cantos que, por otra parte, tampoco son angulosos o aristados, como cabría esperar, sino que se encuentran redondeados. A estas características hay que añadir el que cada cara no es una superficie plana, sino suavemente cóncava.
A pesar de las reducidas dimensiones que tiene, su peso es nada menos que de 270 g, lo que significa que la masa de plomo en la que está realizada es muy densa y pura aunque, en este aspecto, hemos de decir que no sabemos si es así o se encuentra aleada con otros metales, pues no se nos ha permitido llevar a cabo el análisis de composición metálica que hubiera sido necesario para poderlo comparar con algunas piezas similares en las que la base es plúmbea también pero con presencia de cobre y estaño como componentes minoritarios. Los profundos arañazos y golpes que aparecen en algunos de sus lados se han producido una vez amortizada o extraviada la pieza, como consecuencia de la exposición al deterioro que suele acontecer a los restos arqueológicos que se encuentran en la superficie de los terrenos labrados durante siglos. El hecho de que esta matriz carezca de elemento de prensión, sujeción o suspensión como los que habitualmente tienen muchas de las elaboradas en bronce, también romanas, o las de época medieval, no significa otra cosa más que, por su forma, resulta de fácil manejo usarla y no fue necesario incorporar asidero alguno.
Ya para finalizar estos aspectos físicos, señalar cómo existen dos sistemas posibles para fabricar una pieza como esta:

— Vertido del metal fundido en un molde (de arcilla, piedra o madera) en cuyas caras internas previamente han sido grabadas las imágenes en positivo para que en la matriz queden en negativo y con ella las estampaciones (sobre cera o arcilla) vuelvan a ser en positivo.
— Vertido en molde de caras lisas en las que. una vez desprendido de aquél y con el metal ya casi frío, se han grabado a troquel o por presión las imágenes con punzones en positivo.

Pues bien, analizadas con una lupa de cincuenta aumentos tanto las caras grabadas como las lisas, en la matriz de Coca hemos encontrado varios indicios que nos permiten poder afirmar que ha sido el segundo de los sistemas referidos el que se ha empleado, por otra parte el más sencillo y cómodo de llevar a cabo:

1.° Las líneas de los perfiles están algo ataludadas hacia el interior de las imágenes, lo que significa que los respectivos punzones entraron por presión en la masa de plomo un poco más de lo deseable.
2.° En algunos tramos de las líneas de perfil de ambas imágenes pueden verse las características grietas que aparecen en metales grabados a troquel, sobre todo en las monedas. A diferencia de los agrietamientos producidos por los cuños monetarios en la plata o el bronce, los de nuestra matriz son menos vivos y cortantes, están algo redondeados.
3.° Cruzando el centro de la faz imperial aparece una grieta que, sin lugar a dudas, se ha producido en el momento del troquelado. Es una grieta original, no una rozadura fruto del deterioro de la pieza tras su amortización, y menos aún un defecto del punzón.
4.° Finalmente, si recordamos lo dicho más arriba respecto a que ninguna cara del cubo es totalmente plana, sino algo cóncavas, es muy significativo que las dos menos cóncavas son justamente las opuestas a las que han sido grabadas. Parece claro que la presión ejercida sobre el plomo aún sin enfriar con el golpe del troquel es la causante de ese aplanamiento.

Si nos centramos ahora en las figuras grabadas, a la postre lo que da interés histórico a la pieza, conviene comentar algunos aspectos interesantes. En primer lugar, la cabeza de Gordiano III es una imagen enteramente numismática. Los rasgos faciales, la corona radiada y la clámide están cuidados hasta el último detalle, tal como los encontramos habitualmente en sus monedas. Además, en ellas suelen ser mayoría las cabezas y bustos mirando a la derecha, que sería la posición en la que quedaría en las materias impresas (figura 1, B) una vez se aplicara nuestra matriz, donde, lógicamente, el emperador aparece mirando a la izquierda (figura 1, C). Al estar grabada en hueco, el busto presenta las mismas características que un cuño monetario de anverso, sólo que en plomo, y con las únicas diferencias respecto a éste de que la imagen de este sello carece de texto asociado y su tamaño es algo mayor que las que aparecen en los antoninianos. Por tanto, es muy probable que para la fabricación de la pieza se haya utilizado un punzón oficial salido quizá de alguna ceca y también que el artesano que la fabricó tuviera alguna relación con el trabajo propio del personal de las cecas. Esto nos induce a pensar que no estamos ante un elaborado local, hecho por un artesano caucense, sino que se trata de una pieza traída de fuera.

A diferencia del busto imperial, el équido grabado en la otra cara es de ejecución tan simple que prácticamente se reduce a una silueta (figura 1, D y E). Carece de detalles anatómicos como podrían haber sido el ojo, la boca o el pelaje, y únicamente las orejas aparecen algo insinuadas. Incluso padece una cierta desproporción anatómica. Estas características nos permiten poder afirmar que, en vivo contraste con la imagen imperial, la equina en absoluto es de carácter numismático porque cuando en las monedas altoimperiales aparecen caballos han sido tratados con cierto detallismo. El caballo que en la matriz se nos muestra parece estar indicando que lo importante para el usuario de la misma no es la calidad artística de ésta, sino su significado, pues, tal como nosotros lo interpretamos, hace referencia al símbolo por "excelencia de quienes pertenecen al ordo equester. El objetivo prioritario sería, por tanto, dejar claro que el animal es perfectamente reconocible en las improntas que se hicieran.

La singularidad de la matriz no sólo se debe a las imágenes que posee, como acabamos de ver, sino también al metal en el que está realizada, a su forma y al hecho de que sea anepígrafa, elementos todos ellos poco comunes en el extensísimo repertorio de signácula metálicos romanos que hoy conocemos. Respecto a lo primero, a la materia en la que está fabricada, resulta un poco extraño que sea el plomo y no el bronce, como son la mayoría de las que se conservan(4), o incluso en metales más nobles que éste, máxime si atendemos al hecho de que debió de pertenecer a un personaje de cierta relevancia social, como todo parece indicar(5). Tomando como referencia los corpora de matrices que hemos manejado para la realización de este trabajo, el porcentaje de las plúmbeas es realmente muy bajo(6).

La forma es otra característica peculiar. En el mundo romano no son nada corrientes las matrices metálicas con forma de cubo(7) pues las más abundantes son las planas, bien rectangulares, cuadradas, en planta pedis, zoomorfas, fitomorfas, etcétera, generalmente formando parte de anillos pero en otros casos exentas. Uno de los pocos ejemplos de matriz cúbica similar a la caucense lo encontramos en el enclave de Kingscote, en Gloucestershire (HENIG 1977; Id. 1997, 94, fig. 6/8). Sin embargo, parece ser que no es la única que se conoce de esta forma en Inglaterra, aunque sí la única publicada hasta ahora, según HENIG (1997, 94).

(4) Véanse, por ejemplo, las que se conservan en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, procedentes en su mayor parte de Pompeya, Herculano y otras ciudades itálicas (HINOJOSA 1876; CASTELLANO, GIMENO y STYLOW 1999), o las de la Biblioteca Apostólica Vaticana (BUONOCORE 1984), entre otras colecciones.
(5) Esta idea es la que nos impide extrapolar al mundo romano la creencia que se tenía en la Edad Media, sobre todo por parte de los estamentos privilegiados, según la cual quienes usaban matrices de plomo eran individuos de baja condición social (PASTOUREAU 1981, 32).
(6) Para el caso de Hispania, una de las pocas que se conocen es la que, entre varias broncíneas, dio a conocer F. Fernández hace unos años como procedente de Sevilla (FERNÁNDEZ GÓMEZ 1991, 313, fig. 4, lám. II-2).

(7) A pesar de que es una de las formas más antiguas que se conocen, pues empiezan a usarse ya en el cuarto milenio a.C. en el Próximo Oriente (VOLLENWEIDER 1983, XI-XX; COLLÓN 1997), y culturas cercanas a la romana hicieron amplio uso de las mismas.

2. CONSIDERACIONES

Más allá del interés sigilográfico que posee la pieza, que sin duda lo tiene y mucho, pues no se conoce en la península Ibérica ninguna que se le pueda asemejar, lo que verdaderamente resulta interesante son las muchas cuestiones que suscita para la historia y la arqueología del municipio romano de Cauca durante el siglo III d.C., así como para el conocimiento de una parcela de la praxis administrativa en las ciudades hispanas como es la de la validación de documentos(8). Aspectos tales como saber que incluso en pequeñas ciudades como Cauca podía existir un oficial que autentificaba documentos en calidad de representante del emperador; el que por primera vez tengamos la posibilidad de ubicar dentro del territorio caucense el lugar de residencia de alguno de sus más altos cargos administrativos en la centuria referida; o la constatación ya fehaciente, aunque de fácil suposición, por otra parte, de que Cauca hubo de contar con archivo municipal (tabularium) en el que se guardaría la más diversa documentación, entre ella las tabulae ceratae (tablillas enceradas) —algunas de las cuales quizá selladas con la matriz ahora dada a conocer—, y cuyos restos tal vez aún se conserven en algún lugar bajo el actual casco urbano de Coca, son sólo unas pocas de esas cuestiones.

A pesar de ser abundantísimas las improntas sobre plomo en todas las provincias del Imperio(9) —no así las matrices con las que se han realizado—, lo que resulta evidente es que la matriz de Coca se imprimía no sobre otros metales sino sobre materia fácilmente moldeable como son la cera o incluso la arcilla blanda. Debió de estamparse en las mismas materias en las que lo hizo el cubo de Kingscote al que más arriba hemos aludido y con el que tanta similitud guarda el nuestro. La pieza británica está fabricada igualmente en plomo pero con algo de cobre y estaño, es de dimensiones y peso menores que la de Coca (1,9 x 1,9 x 1,7 cm y 55,99 g, resp.), y ha sido fechada también en el siglo III d.C. (en concreto hacia el 270/280). Además de la materia, la forma y el siglo en el que se fechan, lo que más tienen en común ambas matrices es que el repertorio iconográfico desarrollado en ellas es de carácter imperial, vinculado a la administración central quizá: busto de emperador en la de Coca, cabeza de emperador como Sol Invicto, Carro Solar, Roma, Marte, manos entrelazadas de Concordia y escena de caza, en el cubo inglés (HENIG, 1977). Se diferencia de la caucense, además de en el tamaño, el peso y quizá la composición metálica, en que sus seis caras están grabadas, también en hueco; en que mientras cinco de ellas son anepígrafas, la sexta, pero principal, porta leyenda en torno al busto radiado del emperador (SOL-INVICTUS); y, en tercer lugar, en que cinco de los seis tipos representados son enteramente numismáticos, incluso se encuentran circundados por gráfilas de perlas. La sexta representación, la de la escena de caza (HENIG 1977, pl. LVII, g), es la única que se aparta de esa raigambre monetaria. En resumen, la inglesa es una matriz más rica que la de Coca desde el punto de vista iconográfico, de lo que deducimos que seguramente perteneció a un oficial de más alto rango.

(8) Para conocer con detalle cómo se organizaban los archivos municipales en Hispania y los medios con los que contaban son muy interesantes los trabajos de RODRÍGUEZ NEILA (1981, 1991-92, 1993, 1996, 1997).
(9) Véase, por ejemplo, el extenso catálogo de las que se conservan en la Biblioteca Nacional de París (Ros-TOVTSEW y PROU 1900) o la también francesa colección Récamier (DISSARD 1905).


Figura 3.—Vista general de la villa suburbana altoimperial de Los Cinco Caños

El cubo caucense apareció a sólo unos metros del destacado edificio residencial de Los Cinco Caños al que más arriba nos hemos referido (figura 3). De esta construcción, con la que nos parece que debemos ponerlo en relación, se conserva sólo parte del peristilo, de los deambulatorios y de algunas estancias, además de dos ábsides y un absidiolo abiertos en el grueso muro trasero de cierre(10) e importantes restos de estucos polícromos conservados hasta los 2 m de altura en algunos tramos de la pared. La anchura que adquieren los muros permite pensar en la existencia de un piso superior(11). La fachada principal estaría orientada al S-SE, de cara al Eresma y, por tanto, con vistas al caserío de Cauca, mientras que al O-NO debió de situarse un hortus. lugar este en el que apareció la matriz. En la campaña de excavación del año 2000 llevada a cabo en este supuesto hortus se comprobó cómo en los primeros siglos del Imperio fue, efectivamente, terreno libre de edificaciones pero seguramente tapiado (PÉREZ y REYES 2002-03). Si tenemos en cuenta las características de este edificio y convenimos en que es más que probable que. efectivamente, haya relación directa entre el mismo y el cubo de plomo, existen muchas posibilidades de que quien en él residió en cierto momento del siglo III d.C, su possessor, y el propietario de la matriz fuesen la misma persona, algún miembro del ordo equester, quizá un alto cargo de la administración caucense. Bien es cierto que esto último no tiene por qué ser necesariamente así, pues a pesar de ser el siglo III d.C. la gran época de influencia política, económica y social del ordo equester, en la que buena parte de sus miembros ocuparon puestos relevantes en la administración central y local e incluso algunos llegaron a ser emperadores (como Macrino, Maximino Thrax, Filippo, Claudio II, Aureliano, Probo o Caro), muchos de ellos no mostraron interés por ocupar cargos administrativos y se limitaron a vivir lo mejor que podían en sus villae, generalmente situadas en el campo o en el extrarradio de las ciudades, como podría haber sido el caso que nos ocupa. Es decir, puede que la villa y la matriz pertenecieran a alguien que tuvo responsabilidades administrativas en cierto momento, y por eso conservase el sello, pero que ya no las tuviera. Esta es una posibilidad que no hay que desestimar, pero parece más lógico pensar que este personaje ecuestre de nombre desconocido desempeñaba, efectivamente, tareas importantes en la administración de Cauca en el siglo III d.C. y sellaba documentos públicos (tabulae communes), y quizá también privados (vid. infra), en nombre del emperador Gordiano. El carácter anónimo de quien podía autentificar tales documentos nos pone sobre la pista de otra cuestión que debemos valorar: ¿perteneció la matriz a un individuo en concreto, aunque desconozcamos su nombre, o bien se trata de un objeto oficial que debe poseer aquel que, perteneciendo al ordo equester, lógicamente, se encuentre ejerciendo labores administrativas y se vea en la obligación habitual de tener que autentificar escritos? Esto es, cabe la posibilidad de que esta matriz fuera pasando de mano en mano entre altos cargos ecuestres con responsabilidades en la gestión de Cauca en tiempos de Gordiano III y, por esa razón, sea anepígrafa, porque es el mismo emperador consignado el garante, en última instancia, de la autenticidad del documento estampado y el nombre de su representante local en esos momentos sea irrelevante, o, simplemente, con que constara por escrito en el documento en cuestión sellado era suficiente. Un interesantísimo ejemplo de cómo debía de usarse la matriz de Coca lo encontramos en un documento de Dura-Eu-ropos, copia en papiro de un original en tablilla de barro. El texto, curiosamente de tiempos de Gordiano III también y, para mayor coincidencia con nuestra matriz, fechado en el año 243, es un contrato privado en el que Marcia Aurelia vende una esclava a un hombre llamado Tiro ante un oficial del estado de nombre M. Aurelius Antiochus quien estampa el busto imperial en la arcilla blanda (WELLES, FINK y GUILLIAM 1959, núm. 28, pl. LXXI). En esta tablilla siria, en la matriz de Coca y en todos aquellos sellos en los que aparezca la efigie imperial lo que se está indicando es que detrás hay alguien que ejerce labores administrativas en nombre del emperador (GRENIER 1934, 661).

Puede parecer extraño que un instrumentum como este, relacionado con la administración, haya aparecido en una zona de los alrededores de Coca y no en el centro urbano donde, teóricamente, debieron de ubicarse los edificios de gestión ciudadana. Sin embargo, nada tiene de raro si, como decimos, se pone en relación con la villa de Los Cinco Caños y consideramos cómo era muy corriente durante el Alto Imperio que personajes destacados de la administración residiesen en lugares algo apartados de las ciudades en las que desempeñaban sus labores, pues este tipo de individuos gustaban de construirse sus residencias en parajes tranquilos de los alrededores de las mismas huyendo de su ajetreo, aunque a partir de cierto momento se les prohibiese legalmente distanciarse más de una milla de aquéllas para que en todo momento estuvieran próximos a la comunidad que administraban según vemos recogido en numerosas leyes municipales como, por ejemplo, la de Osuna (Lex Ursonensis, cap. 91)(12). En consonancia con esto, resulta muy significativo ver cómo en varias ciudades romanas de Inglaterra en las que se han recuperado en excavación grupos de tabelae que, teóricamente, designarían los puntos en los que se ubicaban los respectivos tabularia, cuando han aparecido sellos o estuches para sellos la mayor parte de las veces lo han hecho en lugares algo apartados de esos hipotéticos archivos (PEARCE 2004; HOLMES 1995). De todas formas, y a pesar de esta «anomalía» inglesa, lo cierto es que habitualmente éstos suelen aparecer en el centro de las mismas, tal como ocurrió, por ejemplo, con el estuche de Baelo Claudia (PARÍS 1926, lám. XXIII; AZNAR, GAZTELU e YLLÁN 1990, 272, núm. 205).

(10) De características similares a las que encontramos en algunas viviendas pompeyanas o herculáneas como la Casa de Neptuno y Anfítrite, en esta última ciudad, por ejemplo, aunque el espacio central es rectangular (WAUACE-HADRILL 1994, 84, fíg. 4.15; en general, CLARKH 1991).
(11) Sobre la problemática arqueológica de esta edificación, véase BLANCO GARCÍA 2002, 149.

(12) MACKIE 1983, 28, 55 y 56; D'ORS 1953, 213-214; STYLOW 1997, 278. Con esta medida se pretendía incluso que los bienes inmuebles que poseían aquellos que desempeñaban labores importantes en la administración local pudieran servir de garantía en el caso de que cometieran alguna infracción con trascendencia económica (MANGAS 2001, 35).

Volviendo a la más que probable relación entre la matriz y el edificio de Los Cinco Caños, por el interés que para el mejor conocimiento de éste representa, una última cuestión que plantea esa relación es la de la diferencia cronológica existente entre la época de construcción del mismo y el momento en el que se encuentra en uso aquélla. Esa diferencia nos está indicando que el supuesto alto cargo que hizo uso de la matriz no sería, lógicamente, ni quien mandó construir la villa ni el primero que la ocupó, sino uno más de los propietarios que debió de tener, quizá descendientes unos de otros aunque no necesariamente. La fecha aproximada del sello nos está testificando cómo al menos a mediados del siglo III d.C., este destacado edificio del extrarradio de Cauca seguía estando en uso y ocupado por un individuo de alta posición social. En qué momento deja de estar habitado es algo que aún desconocemos y que los materiales muebles recuperados en las excavaciones no ayudan mucho a aclarar, pero es posible que permaneciera en uso hasta entrado ya el siglo IV d.C., época en la que se construye el gran complejo residencial de Las Pizarras —quizá vinculado a la familia del emperador Teodosio I—, situado a unos doscientos metros al oeste y que en estos momentos nos encontramos excavando.


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