Las dos aguas*

Maribel Egido Carrasco

La muy artística foto publicada por David que nos muestra el Eresma en una vista próxima a la llamada “Casa de Máquinas”, ha coincidido en el tiempo con un paseo que he realizado precisamente por ese mismo lugar.


Muchos bonitos rincones podemos disfrutar en las riberas de Coca. Nuestros dos ríos nos ofrecen parajes de gran belleza: recodos, pequeñas playitas, diversidad de árboles y arbustos que, sobre todo en primavera y en otoño, nos muestran su esplendor, y que nos hacen difícil preferir un sitio entre todos los demás.
Pero hoy me quiero referir a ese emblemático lugar que conocemos como “Las dos aguas”, que además del encanto propio de las riberas, florecidas ahora con sus galas primaverales, nos ofrece el especial atractivo de asistir al encuentro del Eresma y el Voltoya, que, deslizándose separados hasta ese momento, vienen allí a unir sus aguas, nutridas por las lluvias y por los deshielos de la primavera, y que corren después juntas en una sola corriente alborotada y cantarina.


Incluso algunos árboles, ya secos, hacen su especial aportación al conjunto, con su estética especial, pero no carente de belleza, y con sus muertos troncos sirviendo de alojamiento a esas curiosas setas con aspecto de redondeles de madera.

Quizá el único elemento discordante* en ese idílico paisaje, lo constituye un enorme montón de piedras que ocupa la ladera en la zona del “Puente de Madera”, y que tiene la sospechosa apariencia de haber sido arrojadas desde la carretera.

(*) Posteriormente he sabido que, por fortuna, no se trata de ningún acto poco cívico, sino que se desprendieron de un reforzamiento de la ladera que por esa zona presentaba signos de debilidad.

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