El Quejigo

Maribel Egido Carrasco

Las riberas de Coca, especialmente en sus laderas orientadas al Norte, están pobladas por abundantes quejigos que en épocas otoño-invernales, cuando ya el resto de árboles y arbustos han perdido sus vegetales vestiduras, nos ofrecen todavía hermosos toques de color en el paisaje, debido a que su condición de marcescentes les permite conservar sus ramas cubiertas de hojas de hermosos tonos ocres, y que en ocasiones permanecen verdes hasta que salen las nuevas.


Lo que conocemos vulgarmente como quejigo, (Quercus faginea. o Lusitanica), pertenece a la familia FAGACEAE, subfamilia Quercoideae, y es un árbol que puede alcanzar hasta 20 m de talla, aunque muchas veces es arbusto. Suele ser de porte regular, alto y esbelto, y aislado forma copa esférica. Florece entre marzo y abril, y su maduración es temprana, en Septiembre del mismo año.
El valor paisajístico del quejigo es considerable tanto si se trata de ejemplares aislados como si se encuentran en masa, y en la época de la foliación y desarrollo de la hoja nueva presenta las tonalidades y aspectos de mayor belleza, con matices desde la coloración grisácea a la verde clara de las copas.
Una vez finalizada la explosión de color que adorna nuestras riberas en Otoño, aún nos queda el “regalo” estético del quejigo, que junto con el verde perenne de los pinos y de las sabinas, hace que nuestra vista disfrute en los paseos invernales por nuestros montes.


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