Los vencejos de la muralla

Maribel Egido Carrasco



Fieles a su cita estacional ya han aparecido hace algunos días los vencejos. Éstos ruidosos visitantes han tomado nuestra muralla como zona para nidificar, y en sus pequeñas cavidades establecen su colonia.
Resulta un curioso espectáculo contemplar sus idas y venidas, aparentemente alocadas pero que, sin duda, responden a una “lógica” que nosotros no conocemos. Su extraordinaria habilidad para cruzarse velozmente, sin nunca tropezar unos con otros a pesar de seguir trayectorias muy parecidas, nos puede hacer suponer que disponen de algún sistema casi infalible de “radar” que evita las colisiones, y que podría ser el sueño de los técnicos que diseñan nuestros automóviles.
Quizá merezca la pena describir algunas de las características de nuestros “alborotados” visitantes:
Éstas pequeñas y oscuras aves, son muy aéreas, ya que apenas se posan; poseen una gran agilidad de vuelo, y sus largas alas en forma de guadaña combinan los planeos con rápidos ascensos; muchas veces forman grupos muy chillones que vuelan en círculo.
Tanto los insectos de los que se alimentan como el agua que beben, los toman siempre en vuelo rasante. En tierra son muy poco ágiles y a veces no pueden emprender el vuelo, si por cualquier causa han caído. Su actividad es diurna y transcurre la mayor parte del tiempo en el aire. En muchas ocasiones pasan la noche planeando a gran altura.
Cuando la muralla fue restaurada se tuvo en cuenta a éstos pájaros que nos visitan fielmente todos los años, respetando las fisuras donde anidan para que sigan formando parte del bello entorno de nuestro pueblo que, sin su presencia, se vería agobiado por la multitud de insectos que producen nuestros dos ríos, Eresma y Voltoya, y que ellos, con sus grandes bocas, toman como alimento. Bienvenidos, amigos vencejos.


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