El centenario de Jarrillas

Juan Mariano Velázquez


Mi padre nace en Coca el seno de una familia de agricultores... Su padre Juan, es un hombre duro que impone sus normas estrictas. Su infancia se desarrolla entre la escuela y los primeros trabajos en el campo. Guardar las eras por la noche o bajar las mulas a la ribera... y a partir del final de la escuela el campo es su oficio y su vida.
Es probablemente el carácter del padre el que hace que todos los hermanos busquen su futuro saliendo de casa y de Coca. Mariano desde joven carga sobre sus espaldas toda la responsabilidad y el trabajo de sacar adelante la hacienda de la familia. Cuenta que la rectitud de su padre y su gusto por la juerga le hicieron muchas veces enlazar la noche con la madrugada para ir al campo.
Un campo que, por entonces, obligaba a una dureza ahora inimaginables y a horarios de sol a sol.
Pero mi padre siempre cantaba. Sembrando, arando surco arriba, surco abajo, acarreando la mies, cargando costales o sacos de patatas mayores que él...
Recuerdo temerosas noches de tormenta sin luz en el pueblo, mientras asustados rezábamos a santa Rita para que no le hubiera pasado nada, verle aparecer por el arco de la Villa, bajo una lluvia torrencial, con las mulas empapado hasta la médula y empezar a cantar a mi madre al entrar al corral... "Ya estoy aquí no te amohínes mujer..." ...la canción de la zarzuela "La del Soto del Parral" cuando todos casi llorábamos de angustia...
Sí, a Mariano siempre le gustó cantar. Aún lo hace, casi a diario.
A veces nos sorprende con canciones nuevas que recuerda de sus años mozos... las que cantaban en las rondas a las mozas, las que inventaban en los carnavales, las que se cantaban en los bares, las que sacaron a los vascos que vinieron a montar el puente de hierro, las de la mili, las de la guerra en el frente del Ebro...


Podría decirse que dejándose la piel en el campo era feliz. Era un bruto trabajando.
Pero eso no le restaba fuerza, ni alegría, ni ganas para alternar con amigos en cantinas que ya no existen... Su apodo surge en una de ellas en la que, un día, todos decidieron ponerse un mote.
Eran jarrillas donde se tomaba el vino..."ponnos unas jarrillas..." Y ese fue el mote que le acompañó toda la vida y que orgullosos hemos heredado ya hijos y nietos.
Jarrillas apuró su juventud y se casó ya de mozo viejo... y su frenética pelea con los terruños, los hielo o las sequías, es de suponer que aumentase al tener mas bocas que alimentar y mucho más terreno al que dedicarse ,ahora ampliado por la dote de Justina, su esposa, mi madre. Desde entonces estuvo a su lado compartiendo sudores y fiesta Teodoro "bolsas" que trabajaba con el convirtiéndose en amigo/hermano/compañero mientras estuvieron juntos. Eran un tándem perfecto.

Dentro de su visión emprendedora de entonces, era modestamente ambicioso y luchador, siempre intentaba ampliar sus tierras comprando linderas o cambiando otras... obligándose a si mismo a multiplicarse trabajando.
Pionero en la tardía aparición de la mecánica en nuestro país, adquirió el primer tractor en Coca, un "Lanz" azul, creo que de fabricación rusa allá por los sesenta. Un tractor al que a todos los niños llamaba la atención ver como por la chimenea, que era su tubo de escape, lanzaba el humo en forma de rosquillas...
Después también compró el primer sistema de riego por aspersión.El hazme reír  para muchos... esos "pirulís" que no servían para nada, que donde estuviera el agua corriendo por los surcos...
También Mariano formó una cooperativa agrícola, de poco éxito, con otros tres labradores. Fue cuando se adquirió la primera cosechadora.
Fue juez de paz durante muchos años y también concejal.

Es un padre y un abuelo que nos une y llena de ternura. Que quiere y se deja querer.
Sentimos la satisfacción y la suerte de haber celebrado su centenario. Y damos gracias... Y es que, no se cumplen 100 años todos los días.


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