El otoño en el río

Maribel Egido Carrasco
El otoño cambia el paisaje en forma espectacular, lo viste de colores, lo tiñe de luces diferentes, de serenidades y hermosuras que se trasladan a los ojos y el espíritu de quien lo contempla.
También el río parece adquirir matices y tonalidades nuevas, reflejando todo cuanto ocurre en la vegetación de sus orillas. 
En una de las fotografías se recoge la serena placidez del Eresma en su curso cercano al Puente Grande. Los arbustos, algunos aún verdes, otros grisáceos, y los demás ya teñidos de rojos y dorados de otoño, se miran en las aguas convirtiendo el agua en su espejo. Esa placidez se quiebra y se convierte en sonoridad alborotada al llegar a las grandes piedras que cortan el cauce, volviendo más tarde a su sereno discurrir.
En la otra foto, tomada en otro punto de la ribera, las amarillas hojas del arbusto iluminadas por el sol, sirven de primer plano a las aguas del río que espejean bajo la luz del mediodía, y cuya corriente parece una brillante cinta de chispeantes destellos.


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