Ciconia ciconia (Cigüeña)

Maribel Egido Carrasco

Aprovechando los últimos rayos del sol de la tarde, que ponía tonos rojizos en la torre de la Iglesia, la cigüeña observaba desde su privilegiada atalaya el paso de algún vecino que a esa hora transitaba por la plaza, y los juegos de dos o tres niños que, mientras sus jóvenes madres charlaban, se mostraban unos a otros esos terroríficos muñecos/monstruo, con que los pequeños de ahora han sustituido nuestros inocentes y mucho más “naifs” ositos y muñequitas mofletudas. 


Con filosófica indiferencia, procedía al aseo y peinado de sus plumas, y en un momento dado, echó su cuello hacia atrás, y emitió con su pico ese peculiar ruido, que bajo el nombre de “crotoreo” , les sirve para comunicarse, mientras yo, desde abajo, la contemplaba, y aprovechaba para fotografiarla, hasta que el dolor de mis cervicales me avisó de que yo no tengo, ni mucho menos, el cuello tan flexible como ella, y esa postura no podía mantenerla mucho mas rato. 
Son las cigüeñas un animal que creo que cae simpático a todo el mundo, quizá porque las identificamos con esa tierna imagen de portadoras de bebés. A pesar de ser aves migratorias, cada vez permanecen más tiempo en nuestras latitudes, buscando su alimento en los vertederos, y es muy frecuente verlas en esta época del año, siguiendo en grupo las labores de los agricultores, y picoteando todo lo que puede servirlas de alimento. 
Suelen volver cada año al mismo nido, que se va incrementando cada vez más, provocando a veces problemas en los tejados. Su puesta tiene lugar entre abril y mayo, y los huevos eclosionan aproximadamente al cabo de un mes, y es muy curioso observar como la pareja colabora en el aporte de alimentos y el cuidado de los huevos. 
Alguna vez me ha llamado la atención, en medio de una tormenta, ver como la cigüeña soporta estoicamente, allá arriba, en lo alto de las torres, que caigan, lo que conocemos coloquialmente, como “chuzos de punta”.


La actitud ante la presencia humana de estas cigüeñas blancas, conocidas como “Ciconia ciconia”, contrasta de forma llamativa con la de sus parientes cercanas, las cigüeñas negras, mucho más huidizas y escasas, a las que cuesta mucho trabajo ver, ya que son muy esquivas y están recluidas en las zonas más retiradas y poco accesibles de nuestra geografía.


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