El autobús y mi cámara

Maribel Egido Carrasco

No es la primera vez que, el hecho de esperar el autobús para desplazarme a Segovia, me ofrece la posibilidad de conseguir una hermosa imagen del entorno, y de constatar que, dependiendo de la mañana que haga, los perfiles de nuestros monumentos varían totalmente.

En la primera de las fotos, las luces del amanecer prestaban un delicado color azul con una luz rosada al cielo, y la muralla se recortaba nítidamente sobre él.
En la otra, realizada a la mañana siguiente cuando una fría niebla cubría el pueblo, el perfil se desdibuja, y su silueta aparece con contornos más suaves y con un cierto aire vaporoso.

El Castillo, que cuando llegué apenas se adivinaba, fue poco a poco apareciendo, rodeado de brumas gris-azuladas, como si surgiera de ese mundo mágico de Camelot.

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