Nuestros ríos "bravos"

Maribel Egido Carrasco

Estamos viviendo un invierno realmente desapacible. Además de comenzar muy pronto (ya que el mes de Noviembre era ya francamente invernal), nos ha obsequiado con toda la “batería” de manifestaciones a las que, como “Padre Invierno”, tiene derecho: Frío, nevadas copiosas incluso en sitios donde no es habitual, heladas posteriores, lluvia, temporales, vientos huracanados etc.
Hemos visto estos días pasados imágenes televisivas de aguas desbordadas en diferentes regiones españolas, con las lamentables consecuencias que se derivan de ello: Vecinos asustados y desplazados de sus casas, cuantiosas pérdidas, e incluso el mar medio enloquecido, entrando por los cauces de los ríos en algunas ciudades costeras.


En nuestro pueblo, afortunadamente, no ocurren cosas así, pero nuestros dos ríos, también han acusado las consecuencias de los temporales, desbordándose abundantemente de su lecho normal.
Resulta curioso ver a nuestros Eresma y Voltoya, invadiendo espacios donde, en circunstancias normales, no llegan ni de lejos. Incluso, el pequeño arroyo Balisa, normalmente casi inexistente, también reclama su “momento de gloria”, y llena generosamente su habitual cauce.


Éstas imágenes compensan las épocas de penuria, cuando el estiaje y las sequías los “adelgazan”, convirtiéndolos en pequeñas y “domesticadas” corrientes de agua.

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