El nido vacio

Maribel Egido Carrasco



Haciendo pequeñas rutas por la preciosa naturaleza que nos rodea en Coca, el paseante siempre hace “hallazgos” que, dentro de su sencillez, ponen encanto en el paseo. En la mañana del domingo tuve ocasión de descubrir dos nidos abandonados en sitios tan dispares como una vieja vid en el entorno de Santiuste, y un arbusto en la ribera. Siempre resulta muy curioso ver de cerca esa pequeñas construcciones perfectamente adaptadas a las necesidades de los pajarillos que las ocupan, y admirar la habilidad con que éstos pequeños arquitectos las confeccionan entrecruzando ramillas y otros materiales
Un nido vacío siempre produce una sensación de melancólico abandono y a la vez de ciclo cumplido, de objetivo logrado, ya que suponemos que sus jóvenes ocupantes, ya capaces de valerse por si mismos, iniciaron una vida independiente.


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