Los senderos de la ribera

Maribel Egido Carrasco
En las primeras horas de la mañana el camino que discurre flanqueado de árboles y arbustos, se nos ofrece a tramos bañados de luz y a tramos sombreado, cuajado de florecillas recién abiertas que destacan entre la verde hierba, todavía algo húmeda de rocío.
Es un sendero sugerente e invitador de los muchos que nos llevan a las riberas, y que ha de ser recorrido con el ánimo dispuesto a disfrutar de “primera mano” de la espléndida explosión de vida que constituye la primavera. Los pies caminan más ligeros, favorecida su marcha por la leve pendiente que nos acerca al río que ya se nos anuncia con su alegre canción de agua, y cuyo peculiar e inconfundible olor nos llega mucho antes de que se nos muestre a la vista.
El aire es deliciosamente fresco y hace mover levemente las hojas recién estrenadas de los árboles, mientras los pinos, de estimulante aroma y perenne verdor, ofrecen sus copas como albergue a multitud de pajarillos que con sus diferentes trinos ponen un fondo musical perfecto para nuestro paseo.
Una vez abajo, ya en la ribera, mientras el río se desliza casi a nuestros pies con su siempre cambiante discurrir, dejaremos vagar nuestra mirada por las laderas, deteniéndola aquí y allá para disfrutar de la alegre variedad cromática que nos ofrecen los arbustos y algunos árboles frutales que exhiben su bellísima floración primaveral.
Y el paseante abre sus sentidos y su ánimo para gozar con el espléndido regalo que nos ofrece la Naturaleza por éstos hermosos parajes de pinar y ribera que rodean Coca, y que alcanzan su máxima belleza en primavera y en otoño.

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